Tuesday, July 04, 2006

Incesto

de Wikipedia

Incesto es la práctica de relaciones sexuales entre parientes en primer y segundo grado. A lo largo de la historia ha primado la prohibición de relaciones sexuales entre parientes, aunque el grado de relación en el que quedan prohibidas, varía según las culturas y los períodos históricos. En toda la historia se encuentran sólo tres excepciones a la interdicción universal del incesto: las de las monarquías del Antiguo Egipto; la de los monarcas del Tawantinsuyo y las de los antiguos monarcas hawaianos. En todos los casos primaba una razón de Estado que se podía resumir en el intento de mantener concentrado el poder en una familia (dinastía); por esto tales incestos solían ser nominales (era frecuente la poliginia por parte de los varones de esas parejas de incesto legalizado); y en cuanto a 'solución', curiosamente, tales incestos concluían frecuentemente en guerras fraticidas.

La gran mayoría de las legislaciones del mundo consideran (por alguna razón) el incesto como delito, aún si es practicado con "mutuo consentimiento" entre mayores de edad.

Uno de los principales motivos por los que el incesto ha sido prohibido es que muchas personas sostienen que los seres humanos que nacen como fruto de una relación incestuosa corren un mayor riesgo de desarrollar retrasos mentales como consecuencia de los llamados "genes recesivos". Se plantea que el incesto reduce la necesaria variabilidad genética, que permite la supervivencia de una especie, pero existen razones aún más estructurales: la práctica del auténtico incesto (en primer grado, relaciones coitales del tipo: padre/hija; madre/hijo; padre/hijo; madre/hija, o de segundo grado: relaciones coitales entre hermanos consanguíneos) a corto o mediano plazo afectan al desarrollo de la cultura, al impedir o dificultar la exogamia.

Algunos de los que apoyan el incesto plantean en cambio, que desde hace mucho tiempo, por lo menos en la cultura occidental, las personas no tienen la procreación como el fin del acto sexual sino el placer. Según ellos una relación sexual incestuosa, que gracias a los métodos anticonceptivos no culmina en procreación, no puede ser acusada de estar trayendo una criatura defectuosa al mundo. Tal acusación, por razones obvias, tampoco puede hacérsele a una relación incestuosa homosexual. Ellos plantean que ya que esto es así, la prohibición absoluta del incesto no proviene en realidad de las razones que comúnmente se dan, sino de un irracional tabú social que hay al respecto.

Tuesday, June 20, 2006

MARTA SE FOLLA A SU PROPIO HIJO

Esto si que es fuerte de verdad, Marta esta muy caliente, y ni más ni menos que se pone a comerle el rabo a Javier, su propio hijo. Ver para creer ¡¡

Las manos de mi padre

Estaba una noche en mi cuarto, ya había cumplido 11 años y me masturbaba regularmente, se me mojaba la conchita no bien me tocaba y necesitaba meterme los dedos casi todas las noches.
Tenía entonces unas tetas re chiquitas, puntiagudas, que me daban mucha satisfacción.
Bueno, esa noche estaba en mi cuarto, hacía bastante calor, y decidí ir a mirar tele con mi papá que estaba en la sala. Mi mamá había salido, y en casa estábamos los dos solos. Cuando voy llegando a la sala, veo de costado que papá tenía la pija afuera de su pantaloncito y se la estaba acariciando.............no sabía qué hacer, si volverme a mi cuarto o quedarme ahí mirando.
Decidí lo segundo, y mi chocha empezóa humedecerse de inmediato...........en un momento dado mi papi se dio cuenta de que estaba allí mirando y la guardó de inmediato, yo entonces, como si nada hubiera pasado, me fui a sentar a su lado.
Veíamos la tele, pero yo no pensaba sino en lo que había visto y en que estaba tan caliente, que me chorreaba la conchita. Me senté como indio y al ratito me acosté sobre las piernas de papá. El estaba duro. Yo ya no aguantaba más, las tetas las tenía bien paradas y se veían en mi camiseta, papá las empezó a acariciar. Y me metió la mano en la bombacha, ahí notó cómo estaba mojada, corrió la bombacha y me empezó a tocar en vivo y en directo, me metió un dedo y me lo hizo chupar luego. Ahí me dijo, querés chupar algo más, bebé? Y sacó esa verga hermosa, que a partir de ese día fue mi felicidad...........se la chupé como él me enseñó, pasando la lengua por los huevos, por los costados, hasta que se acabó en mi boca y me hizo tragar su lechita. Pero yo seguía muy caliente, así que me hizo parar encima de su boca y me empezó a mamar a mí, me metió la lengua, me mordía los labios de la vagina, me metía su dedo, me chupaba el clítoris, de tal manera que acabé como nunca.
Desde ese día, me encanta ver televisión con él. A veces lo hacemos ahí si mamá no está, otras veces cuando mamá se duerme viene a mi cama. También me pide que los espíe para que vea como se la coje a ella: a mi me encanta. Gozan mucho los dos, él se la da por delante y por detrás y le mama las tetas que es un placer.
Un día me pidió que me sentara encima de él, y así comenzó a meterme la pija adentro. Me dolió bastante, pero como me chupaba las tetas en tanto, lo disfruté mucho. Cuando me lleva al colegio en la camioneta, a veces paramos por ahí y me masturba antes de dejarme en clase, a veces también me la da para que se la mame. Me voy bien relajada al colegio.
Un día me dijo que iba a traer un amigo, para que vaya aprendiendo a estar con otras vergas, y no sea tímida..........Lo trajo, un amígo al que ahora llamo tío, el tío Alberto. El empezó a jugar con mi culito: me dijo, acá te la quiero meter preciosa, me hizo poner de perrito y me lo chupó de tal modo que me calenté tanto................ entonces me metió una vela chiquita y me lo fue trabajando, quería cojerme por atrás duro, así me decía él, yo tenía miedo pero mi papi lo ayudó y mientras el tío Alberto me iba entrando en el culo con su pija que es bastante más fina que la de papá, él me chupaba por adelante, las tetas y la concha. Fui muy feliz ese día. Así seguimos por mucho tiempo, me parece que el tío Alberto también está con mi papá y mi mamá, pero nunca los ví. Ahora yo estoy de novia, y cojo muy bien con mi novio, pero sigo estando con papi casi todas las noches, nunca lo voy a dejar, él fue el primero y me gusta todo lo que me hace. El tío alberto se fue a vivir al extranjero pero cada vez que viene nos vamos los tres a su casa y la pasamos genial cojiendo todo el día. Bueno, me encantó compartir esto con ustedes, un beso pampita


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Mi familia

Todo empezó hace veinte años atrás, cuando tenía nueve años. Vivía junto a mis padres muy bien y con un pasar económico bastante bueno, hasta que mi padre perdió prácticamente todo a causa de una estafa y malos negocios. Tuvimos que mudarnos a una casa pequeña, de solo dos dormitorios, donde el más pequeño se habilitó con entrada independiente para poder ponerlo en arriendo, mi madre tuvo que salir a buscar trabajo y mi padre desempleado buscaba también como subsistir.

Los meses pasaban y lo único que mi padre conseguía eran trabajos pasajeros, la habitación nunca pudo arrendarse y mi madre (aún no se cómo) comenzó a trabajar de prostituta, con el tiempo comenzó a traer a sus clientes a la pieza que estaba vacía, no hace falta decir que en una casa tan pequeña era fácil escuchar todo lo que ocurría en ese lugar, aunque frecuentemente mi madre encendía la radio para que no se escucharan sus gemidos de placer. Mi madre era una mujer muy bella, de piel blanca sin manchas ni pecas, ojos color miel, cabello rubio, caderas anchas, cintura pequeña y pechos pequeños pero redondeados, así que empezó a tener mucho éxito en su nuevo “trabajo”, frecuentemente traía dos o tres hombres al día, o en la noche, he incluso, varios a la vez.

Al principio yo sólo escuchaba, tan sólo oír sus gemidos y el movimiento rítmico de la cama me hacían sentir cosas extrañas, y cada vez, sentía más curiosidad de saber que pasaba ahí dentro, entonces, un día, me di cuenta que las paredes eran de madera y que además habían sectores huecos, en donde con empujar un poco los restos de madera se podía ver al otro lado. Nunca había visto esas cosas, sabía lo de las relaciones sexuales, pero nunca había visto una. Desde que nos habíamos mudado a esa casa mis padres no tenían intimidad, ya que yo dormía con ellos en la misma habitación, y jamás los vi hacer nada. Debo decir que fue fuerte, mi madre se retiraba la ropa con elegancia, y luego totalmente desnuda se arrodilló frente a un hombre de unos sesenta años, gordo lleno de pelos, con un pene corto y gordo, mi madre puso su boca en su miembro y empezó a lamerlo, luego prácticamente se lo tragó y lo saco de nuevo, lo hizo así muchas veces. Luego el hombre la tomó bruscamente del pelo y vació su leche en la cara de mi madre, ella parecía disfrutarlo. Luego la agarró por el brazo y la levantó violentamente, la lanzó a la cama, justo en ese momento, me descubrió mi padre.

Muy enojado me sacó de ahí y me preguntó qué estaba haciendo, yo, sin ningún titubeo le dije: -“estoy viendo como mamá tiene sexo con ese asqueroso hombre, parece gustarle mucho, no sé como puede gustarle, tu eres mejor”- Si, la verdad es que mi padre era muchísimo mejor, alto, de espalda ancha, músculos bien marcados en los brazos, piernas y pecho, mentón firme, cuadrado, cabello negro, ojos verdes preciosos, y un trasero exquisito. Y además agregué: -“¡ese hombre tiene un pene pequeño!, el tuyo es como 3 veces mas grande, igual de gordo pero mucho mas grande, yo preferiría el tuyo, lo he visto cuando estas en el baño y dejas la puerta abierta”. Entonces la cara de mi padre cambió del enojo a la perplejidad, se quedó mirándome como si no pudiera creer lo que yo había dicho, pero lo que yo decía era la pura verdad, y me enojaba mucho que mi mamá estuviera tan dispuesta a acostarse con un extraño horrible por dinero y que a mi padre lo dejara abandonado siempre.

Estaba tan perplejo que no me habló en todo el día, se acostó en la cama matrimonial mirando el techo, mientras se escuchaban los gemidos de mi madre al otro lado de la pared, yo me puse a mirar lo que pasaba, el viejo la tenia sobre él cabalgándolo, mientras apretaba sus pechos sin piedad, y yo de alguna manera morbosa quería estar ahí en el lugar de mi madre, de pronto sentí como mis bragas se mojaban y un calor recorría mi cuerpo.

Desde ese entonces, yo siempre miraba los encuentros de mi madre en esa habitación y mi padre se sentaba en la cama a observarme, nunca volvió a decirme nada, y con frecuencia, después que todo terminaba, me abrazaba y me besaba tras las orejas y el cuello, me tomaba en brazos y me sentaba en sus piernas para que viéramos televisión juntos o comiéramos juntos, y entonces sentía su pene duro como un palo bajo sus pantalones. Cuando cumplí diez años esas caricias cambiaron un poco y además de besarme comenzó a masajear mis piernas, espalda, y mis pequeños pechos que comenzaban a notarse, apretaba y frotaba mis pezones, mientras que yo naturalmente me excitaba y frotaba mi vagina en su pierna mojándome y mojándolo con mis jugos, también comenzó a alabarme, y a decir que era exquisito que me mojara así, que poco a poco estaba creciendo mas bella y que me quería mucho, sólo para él.

Durante las noches, cuando estábamos acostados juntos en la cama matrimonial y mi madre no se encontraba, me abrasaba tiernamente, mientras besaba mi cuello, mi cara y mis pechos, mordisqueaba mis pezones o los chupaba como si bebiera leche de ellos, me causaba tanto placer, hasta que me quedaba dormida. Incluso, varias veces mientras mi madre estaba presente, discretamente pasaba sus manos por mis pechos y me sonreía con una hermosa mueca picarona.

Entonces yo empecé a ilusionarme, y a necesitar cada vez mas de las caricias de mi padre, lo único que deseaba era que me tomara y me hiciera suya tal como las cosas que veía que hacia mi madre, moría de celos cuando la muy puta se le acercaba y lo besaba o cuando imaginaba que cosas harían cuando yo iba al cole. Pero mi padre no avanzaba mas allá, y los meses pasaban y yo le suplicaba que tocara mi vagina, que pusiera su miembro en mi y me penetrara, el sólo sonreía y me decía que algún día me daría un gran premio por esperar tanto.

A pesar de ser aun pequeña, era lo suficientemente astuta para saber que nada de esto debía decirlo ni en el cole, ni a mi madre, por lo tanto, para los demás siempre fui una niña modelo, de buenas notas y buen comportamiento, y a pesar de que mi cuerpo se desarrolló mucho antes que el de mis compañeras y por eso muchos niños comenzaron a buscarme, nunca acepté a ninguno, porque ninguno era tan guapo y maduro como mi padre.

Así que llegaba derechito del cole a abrazar a mi papito, y el me respondía con un delicioso beso francés, me retiraba la ropa y me masajeaba con mucho cariño, hasta que el mismo día de mi cumpleaños número doce, el típico masaje siguió hasta mi vagina, mientras con una mano frotaba uno de mis pechos con la otra encontraba mi clítoris y lo masajeaba excitándome cada vez más, cuando empecé a gritar y jadear de placer abrió mis piernas y comenzó a usar su lengua… ¡Oh, si sólo me excito de recordarlo!. Succionaba con su boca, lamía toda mi vagina e introducía su lengua suavemente, cuando mi excitación comenzó a hacerse máxima, introdujo suavemente un dedo dentro de mi anito, poco a poco y luego fácilmente estaba dentro tocándome y dándome aun más placer.

Cuando llegué al clímax, sacó su enorme pene, que por primera vez lo veía erecto totalmente ¡y era más grande de lo que recordaba!, y comenzó a masturbarse mientras me miraba, yo me senté tomé su mano y la aparté de su miembro y comencé a frotarlo con mis dos manitos, como había visto hacer a mi madre, luego me puse a lamerlo en toda su extensión, desde la base hasta que llegué a su cabeza roja que besé dulcemente, lo puse entre mis labios y succioné, lo metí en mi boca y sentí su sabor, saladito, rico, sentí sus contracciones, latidos, era tan duro, largo, grueso y con grandes venas marcadas, lo lamí y chupé con deseo, mientras con mi mano masajeaba sus testículos. Mi padre gemía y pronto comenzó a sacudirse con espasmos de placer, su pene emanaba mucho calor y latía fuertemente y de pronto un chorro llenó mi boca y mi cara de su leche, picosita, amarga y dulce a la vez.

Ese día no me preocupé de ver lo que hacía mi madre, yo era feliz, estaba satisfecha, mas satisfecha que nunca, aunque las expectativas de que mi amado papito me convirtiera en una mujer eran aun más fuertes y soñaba con aquel día.

Pero eso, lo contaré en otro momento.

Verónica.



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Ojitos verdes / Dos

Y la camioneta arrancó con fuerza, saltando más que antes. Rodrigo tenía intención de llegar lo antes posible, aunque estaban a mitad de camino, con el propósito de neutralizar las intenciones que había leído en los ojos del Compadre. El padrino se había excitado. Fue testigo de un hecho repudiado por la sociedad, pero era más fuerte que cualquier sentimiento. Él tampoco lo soportaba.

Hombre más robusto que Rodrigo, para evitar que la niña se golpeara contra la consola del vehículo, la tomó con sus fuertes brazos, la tapó con el toallón y la apretó contra su rodilla derecha, la que había dejado liberada de sus pantalones antes de entrar a la cabina. Su botamanga se encontraba arremangada sobre su nalga. Se excitó al máximo cuando sus carnes tocaron la humedad de la pequeña tanguita de Ojitos Verdes.

Su miembro saltó de su bragueta, ya que la había desabotonado, dura como un madero y enorme. Él mismo provocaba el vaivén sobre su falo apretando y llevándola hacia adelante y volviéndola a traer hacia su pelvis. Sentía las carnes calientes de la carnosa nalga de Ojitos Verdes, mordiendo sus labios por la tremenda excitación. La niña se dio cuenta, giró su cabeza y con picardía lo miró regalándole una sonrisa; bajó su mano y le tomó descaradamente la verga, enorme, se sonrió nuevamente, la notó mucho más grande que la del padre. La apretó con fuerza mientras fregaba su vulvita contra la rodilla del padrino...

El vehículo seguía su carrera enloquecida por ese camino sinuoso y poceado. Rodrigo miraba de reojo al compadre y observaba sus gestos de placer que le daba su pequeña hija. No podía, no debía decir nada. Imposible pelear con aquel hombre. Tal vez se matarían. No podía hacerlo. Peor sería que todo se supiera. Observó el lento movimiento del bracito derecho de Karina y comprendió lo que estaba pasando.

Se sintió obnubilado por un golpe de sangre a su cabeza cuando vio al compadre cerrar los ojos y morderse lo labios, conteniendo un grito de placer, en señal de estar eyaculando. El aroma llegó a su olfato mientras Ojitos Verdes se enloquecía, cabalgando la rodilla del padrino, y ya no disimulaba ni sus gestos, ni sus gemidos de goce inmenso, delectación de una chiquilina despertando al sexo.

Rodrigo, no soportó aquello, y comenzó a friccionar su verga por sobre el pantalón mientras trataba de conducir el 4 x 4 que se le escapaba de la ruta internándose en la banquina.

Los movimientos de la camioneta, merced a la velocidad que le había impuesto Rodrigo y las carnes calientes de la piernita izquierda de la niña, totalmente bañada de semen, volvían a jugar con el trozo enorme de Alejandro.

Las miradas de los dos hombres se enfrentaron. Rodrigo, en desesperada embestida con su polla, puso los ojos en blanco al tiempo que volvía a terminar enloquecido de goce, al tiempo que Alejandro, quitándose algunos pensamientos de culpa, le bajaba la tanguita a la nena hasta tenerla en sus manos y guardarla en el bolsillo de su pantalón.

Acomodó a la niña sobre la punta de su miembro y Rodrigo, con gestos desesperados, sin emitir sonidos, moviendo su cabeza, le pedía que no lo hiciera. El padrino le suplicó perdón con sus ojos y apretó con todas su fuerzas a Ojitos Verdes sobre su verga, penetrándola sin compasión, quedando la mocosita semidesvanecida, sin articular una palabra.

Alejandro le acarició el cuello y lentamente comenzó a moverla, subiendo y bajándola, haciendo que su pene, totalmente lubricado con flujos vaginales y sangre de la pequeña, removiera las profundidades de Ojitos Verdes que, abriendo lentamente sus ojos, mirando a su padre, le sonrió con placer y satisfacción, apoyó sus dos manos en la consola de la 4 x 4 y se recostó hacia donde estaba su padre, gimiendo, dando esténtores de lujuria.

La excitación de Ojitos Verdes era tal, que Rodrigo frenó el vehículo sobre la banquina, se corrió hacia donde estaba su compadre, sacó su roja verga y la acomodó en la boquita de la niña, quien la abrió desaforadamente hasta que logró introducir el enorme glande del papi, casi todo, en su ardiente boca.

Rodrigo soportó la situación 20 segundos y acabó, eyaculó de tal forma que la niña casi se ahoga con tanto semen junto al tiempo que Alejandro también acababa llenando la lastimada cavidad vaginal de la jovencita, que mostraba un rostro angelical y lujuriante, por momentos vicioso y depravado. Una mirada profunda y perversa les regaló a los dos, como sellando un siniestro pacto de silencio.

Quedaron los tres enrollados y encharcados de jugos seminales de una jornada de orgía impensada. El padrino fue el primero en reestablecerse. Ojitos Verdes se había dormido, la tomó en sus brazos y la cruzó al asiento trasero mientras limpiaba los restos de semen en todo su cuerpo. Miró por la ventana del vehículo, observó una entrada a un campo y a un centenar de metros una limpia laguna. Despabiló a Rodrigo, y le señaló hacia el lugar donde se veía agua. Este entendió el mensaje; se puso en marcha y allá fueron para refrescarse y asearse. Ojitos Verdes fue introducida en las aguas tibias y transparentes de la laguna, despertándose. Pidió que los dos hombres se volvieran para ella poder lavar su cuerpo y sus partes pudendas.

Los dos hombres subieron al vehículo y conversaron entre ellos, pactando el mayor de los secretos, pero había que hacer algo para evitar el embarazo de la niña, le sugirió Rodrigo. Alejandro, entonces, le reveló:

—Nunca serví como reproductor, por eso no tenemos hijos en mi matrimonio. Tuve un accidente de joven, en una cuadrera, y quedé imposibilitado para procrear... por eso no tomé precauciones con la chiquita.

Desde ese día fueron más unidos, Alejandro, un cincuentón, vecino de su campo, padrino de Ojitos Verdes y Rodrigo, que con treinta y dos años recién cumplidos tiene ahora que convivir con malsano secreto con su hija de 14 años, que está escapándole a la niñez muy aceleradamente...

Analbo

Si quieres darme tu opinión emáilame al: analbo@uolsinictis.com.ar

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Monday, June 19, 2006

Ojitos verdes / Uno

El padre de Karina accedió a los caprichosos gustos de la niña, que cumplía 14 años. "Ojitos verdes", la llamaba su padrino, un vecino cincuentón del campo aledaño, al de la familia de la jovencita. Papá Rodrigo, acompañado de Alejandro el vecino y compadre, iban a viajar esa mañana, hasta al lugar donde encontrarían lo que seguramente iba a satisfacer los antojadísimos requerimientos de la chiquilina.

Ojitos Verdes, es una muñeca que camina, habla, canta, grita, llora y para peor siempre obtiene lo que quiere, y ahora pedía un loro parlanchín y un papagayo de hermosos colores.

Ojitos Verdes, es delgadita de cara, su cuerpito bien formado, sendos botoncitos de los senos queriendo llamar la atención ya demasiados pronunciados, caderas dispuesta a soportar muchas cosas, piernas bien formadas con nalgas blancas y gruesas por sus prácticas deportivas en el colegio de monjas donde asiste durante la semana bastante distante de la casa.

Ojitos Verdes, tiene boquita grande y carnosa. De mente ágil, y rápida de pensamientos que nada tienen que ver con su edad. Cabellos negros, lacios y largos hasta la cintura que con sus ojitos verdes, su sempiterna sonrisa y el gran murallón de sus grandes dientes blancos, hacían de la niña hermosa, un bello retrato de lo que es ser una agraciada personita que todo lo logra con sus lagrimitas y cariñosos abrazos y besos.

Era sábado, Insistió en querer ir ella también hasta la Estancia donde iban a comprar el obsequio requerido. Ya estaban los dos hombres en el asiento de la 4 x 4, cuando la mamá le pidió a Rodrigo que la llevaran mientras ella hacía los preparativos de la fiestita, a realizarse al día siguiente, domingo por la tarde. De un salto, Karina se encontró sentada a caballito, sobre las piernas del papá, abrazada a su cuello, con sus faldas que no le cubrían las rodillas, mientras Alejandro, el padrino, se divertía riéndose con muchas ganas, ante los mohines de la única hija del joven matrimonio de Rodrigo y Laura, que no aceptó viajar en los asientos traseros. Quería ir adelante para observar el camino.

Alejandro, puso en marcha el vehículo, se disponía a partir, cuando la mamá le alcanzó una toalla para cubrir las piernas de Ojitos Verdes, para que no tomara la resolana de esa calurosa tarde de la postrimería del verano...

Como todos los caminos de la enorme campaña de la comarca, por el que iban, éste, el tomado, era un desastre por los pozos y profundas huellas de carros a caballos, tractores y demás transportes habitué en la zona. Los pesados camiones lecheros eran los que mas dañaban esas rutas vecinales, así que el movimiento de los pasajeros de la 4 x 4, eran como estar dentro de una mezcladora de materiales para la construcción, cosa que causaba mucha gracia a la niña, que reía y se divertía saltando sobres las piernas del papá, al igual que Alejandro en el volante. No así Rodrigo. Él no reía. Estaba realmente preocupado ya que soportaba estoicamente el peso de la hija sobre sus piernas y que en cada frenada o salto de huella, la niña le apretaba los genitales.

En una frenada, la pequeña vio un gesto del papá y que ahogaba un gemido de dolor y entonces lo miró con cierta picardía y le dijo al oído:

- ¡papi... abrí las piernas, y viajo apoyada sobre tu rodilla derecha y no te aprieto!...

Al decir esto, Ojitos verdes dejó libre la pierna izquierda de Rodrigo que sintió un enorme alivio, quedando su rodilla derecha en la entrepiernas de la nena, que se friccionaba con ella en cada momento en que el vehículo saltaba por efectos del camino. De pronto en una pronunciada bajada, Karina se puso tensa con los pies apoyados en el piso de la camioneta, y las dos manos sobre la consola del vehículo arrastrando en el movimiento los genitales del padre que no podía hacer nada para sacarlo de entre la pierna de ella y su nalga y que con el movimiento y la alocada alegría y saltos de la niña, fue tomando forma y endureciéndose todo lo largo que era. Intentó evitarlo, pero la chiquilina jugaba con el padrino, cuando veía acercarse a un pozo y apretaba sus piernas con más fuerza, para no golpearse:

- ¡Ojitos Verdes.... – gritaba Alejandro...

- ¡Síiii, padrino.... me agarro fuerte!....

- ¡¡ ahí viene!!... ¡Cuidado!... – y la pi-cku saltaba como un canguro,
logrando arrancar fuertes carcajadas de la garganta de la niña que iba feliz en el viaje, mientras Rodrigo, no soportaba ese vaivén que le imponía el juego infantil, sobre su pene, que estaba a punto de explotar:

- Papito... ¿qué te pasa?... – preguntó la niña inocentemente, ante un gemido retenido y un gesto del padre:

- ¡Nada!... - respondió Rodrigo, cerrando los ojos con fuerza para evitar acabar ya, en los pantalones con fuertes chorros de líquido.- ... ¡ vos seguís... no te preocupes por mí... ¡¡seguí... por favor....

- ¡Pero papi... si te hago mal, decímelo... – y bajando su manito la niña intentó separar su pierna de la del padre y se encontró con la enorme y dura cosa de papá. Lo miró. Sonrió con picardía. Su mente de chiquilina avispada, le hizo apretar con fuerza aquella barra ardiente, mientras ella apoyaba su rajita en la punta de la rodilla de aquel padre que ya no supo dominar la situación, mientras Alejandro, le preguntaba:

- Rodrigo, ¿se siente mal? ¿Quiere que nos detengamos?

- No, hombre, siga cuanto más rápido mejor... – lo dijo casi gritándole, mientras apoyaba su cabeza en las espalditas de Ojitos Verdes, apretándola casi con desesperación contra él, mientras la niña con suaves caricias de sube y baja por sobre la liviana tela del pantalón beige, fue masturbándolo, como jugando. Rodrigo se retorcía atormentado en el asiento. No aguantaba más. Sabía que iba a acabar en las manitos de su hija, la que alocadamente reía con cada pozo que volvía a tomar el padrino y frotaba casi con desesperación sus entrepiernas sobre la punta mas pronunciada de la rodilla de papá. Alejandro los observó detenidamente y sintió un enorme sacudón al oír un gemido placentero de su compadre, sintió la sangre subir a sus sienes y su pene endurecerse al máximo cuando Ojitos Verdes totalmente excitada, apreció los fuertes golpes del semen de papá contra la tela fina del pantalón. Sintió su mano mojada, pegajosa. La sacó del lugar y se la llevó a la boca
La emanación del clásico aroma de una eyaculación, le hicieron girar nuevamente la cabeza al Padrino y observó el estado de Rodrigo, y la niña que seguía cabalgando sobre la rodilla de este, dando de pronto, enorme alarido por un tremendo orgasmo, la convulsión de la púber enardeció al hombre, sacándolo de sus cabales. La Cabina, con los vidrios bajos, permitía mantenerse dentro de ella el hedor al sexo.

Alejandro, frenó el vehículo, se miró con Rodrigo y éste le suplicó silencio. Que no se comentara nada ni una palabra de lo que allí había ocurrido. El padrino comprendió. Miró su propio falo, casi veinticinco centímetros endurecidos y apretándolo con fuerza, libidinosamente le habló por lo bajo:

- ¡Está bien, Rodrigo... pero ahora el resto del camino hasta la estancia, conducí vos!... – y lo tuteó, por primera vez, lo tuteó, mientras dejaba el volante y daba la vuelta para ocupar el lugar del padre de la niña. Rodrigo, se dio cuenta, entendió el costo del silencio. No podía hacer nada y mordiéndose los labios, la puso de pié a la niña, se cruzó al volante, mientras Alejandro tomaba su lugar. La pequeña y perversa Karina, con mirada de querer saber qué pasa, puso sus ojos en los de papá, angustiada y con lujuria y este le indicó que sí, que se sentara sobre la rodilla del padrino, siempre lo había hecho, y que siguiera divirtiéndose como hasta ahora. Se pusieron nuevamente en marcha, acercó su boca al oído de la niña, le beso la mejilla y le suplicó:

- ¿qué pasa si le cuento a mamá lo que me has hecho?...

- ¡No, papito... por favor, nunca se lo digas...

- Bueno, está bien, vos tampoco... es un secreto entre los tres...

- ¿Los tres?...- inquirió Ojitos Verdes:

- ¡Si! Alejandro vio todo lo que me hiciste...

Analbo

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